Vive si...

Riaño Vive dentro de los que hemos vivido en él,
Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa, Riaño, Salio...
nada nos ha llenado tanto como su todo,
debemos recuperarlo aunque solo sea un poco,
y no habrá futuro para nosotros y nuestros hijos más gratificante,
que volver a vivir en él, sin que sea un sueño.
Riaño, hace 23 años "muerto", Riaño asesinado,
y los hombres lo mataron, con sus envidias y engaños, y ahora,
después de estos años, hay quién lo quiere olvidar pero,
por mucho que se quiera, si has vivido ahí, en un lugar así,
Riaño no se olvida jamás, y más,
si ahora lo ves, hundido en la miseria, de querer ser,
lo que fue siempre, ignorando lo que fue.
.......................................que las aguas vuelvan a su cauce.

viernes, 28 de septiembre de 2007

...en el corazón

Plaza del Ayuntamiento de Riaño (León)
18 de Mayo de 1993, Bilbao
Riaño...¡Que profunda emoción experimento al escribir esta palabra! Tan solo una y que inmensos son los sentimientos que de ella emanan.
Cada vez la describo de una forma diferente y sin embargo, siempre desemboca en un mismo y único significado: Riaño.
¿Tuvieron alguna vez en mi vida cinco letras tanto significado? Porque sí, a simple vista son cinco letras, tres sílabas, cinco fonemas,,,en definitiva; una simple entre miles de palabras. Me vienen a la mente pequeñas casas arrejuntadas y rodeadas de una inmensidad agreste y boscosa. En invierno, pasear sobre la húmeda y fría piedra mientras un tibio olor a lumbre se desprende de las cálidas cocinas de fuego bajo y cocina de chapa, me retorna a conversaciones que en el escaño tenían lugar sobre el último oso visto en las cercanías, la caza del lobo o el cotidiano furtiveo de la trucha.
¿Que es Riaño? ¿Que fue Riaño? Una aldea en sus tiempos, un sueño anegado en la actualidad, siempre un paraíso de incomparable belleza coronado por majestuosas cumbres como un rey lo está por su corona.
Inmenso valle en el que quedaron mis primeros juegos, mis primeros baños en las frías y transparentes aguas del Esla, mi primer y único amor.
En primavera, el olor al sol. El intenso amarillo de esa flor tan venerada en la montaña; el Capilote. Porque en Mayo todo el mundo "va a por flores" y las casas abren sus puertas a la nueva estación.
Riaño de mi niñez, de mi juventud.¿Porqué moriste cuando yo aún no te había conocido lo suficiente? ¿Porqué te fuiste cuando yo era tan joven y me encontraba en los 18,esa edad en la que aún no sabía de la pérdida de mi niñez ni tan siquiera de que llegaba a la madurez?
No te podré olvidar. Siempre lloraré esos recuerdos que una y otra vez anegan también mis sentidos. Ha muerto una parte de mí contigo. ¿Eres tal vez un hermano, un padre, una madre, un ser querido para echarte tanto de menos? Pareces una ilusión irreal, un sueño, una pesadilla del pasado, una vida inacabada...Oh, amor!
Un valle que se pierde en un horizonte donde existe el fin de las montañas. Un río que dibuja su ondulante figura entre la dulce sombra de los chopos. El Gilbo, viejo amigo,
Las Pintas y el cueto Cabrón, en el medio como el corazón; y como no citar al Yordas, el padre sobre el cual luce cada noche la Osa Mayor.
No puedo olvidar las casas con las que siempre soñé. En Cimavilla imperaban las de grandes dimensiones, con balconadas o acristalados corredores donde asomaban los rostros de sus moradores. Frías, misteriosas....La cocina como centro de las mismas donde interminables horas discurrían en torno al fuego bajo. Y aquella sensación que producía en mí al introducirme en esas maravillosas habitaciones.
.....el suelo de madera crujía bajo mis pies y una gran cama de hierro parecía flotar en el aire con ese aspecto que el ondulante colchón de lana producía. Un Cristo en la cabecera y una pequeña pera de madera en la que la energía discurría a través de un cordón entrelazado. Y en una esquina el lavabo multiuso donde el espejo lucía ajado.... Sobre ellas los misteriosos desvanes, donde viejos espíritus vagaban entre carcomidas vigas, empolvadas telas de araña e innumerables trastos de todo tipo....
Juegan los vencejos entre los hilos del fluido eléctrico y se pierden en el horizonte azul. Corren los niños en la empedrada plaza mientras el aire se inunda del sonido que emana de la torre parroquial. Ha llegado el verano. Don Antonio, el cura, vestido de largo y negro, camina a paso ligero mientras una vieja suspira al recordar aquellos veranos en los que sus primeros amores bailaban al son de "Los Velerdas."
Los siglos han creado este paisaje, esta ilusión. Ante mí un sueño irrepetible. Y ante mí las montañas que como la lápida cobija al muerto, ellas velan por su amor, tozudamente enhiestas, impasibles ante la acción irracional del hombre. Y esos picos rocosos a los que hay que mirar con la vista tendida al cielo, son los que se abren insondables hacia los tiempos venideros, hacia la eternidad. Son el recuerdo y la nostalgia de mi pasado. Son el futuro, la ilusión, la esperanza de que todo no está perdido. Al menos ellos son realidad.
Para mi amor.
Ana

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