Vive si...

Riaño Vive dentro de los que hemos vivido en él,
Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa, Riaño, Salio...
nada nos ha llenado tanto como su todo,
debemos recuperarlo aunque solo sea un poco,
y no habrá futuro para nosotros y nuestros hijos más gratificante,
que volver a vivir en él, sin que sea un sueño.
Riaño, hace 23 años "muerto", Riaño asesinado,
y los hombres lo mataron, con sus envidias y engaños, y ahora,
después de estos años, hay quién lo quiere olvidar pero,
por mucho que se quiera, si has vivido ahí, en un lugar así,
Riaño no se olvida jamás, y más,
si ahora lo ves, hundido en la miseria, de querer ser,
lo que fue siempre, ignorando lo que fue.
.......................................que las aguas vuelvan a su cauce.

lunes, 10 de diciembre de 2007

...en la zanja de telefónica



Aquella soleada mañana de Octubre de 1986 la recuerdo muy bién.
Fué el fin de un sueño y el comienzo de una pesadilla. La pesadilla de nuestra segunda condena, la que estamos viviendo.
Después de toda una vida, la miaoyendo hablar de un fantasma, estaban ahí; habían venido. Un montón de guardias civiles (llamados familiarmente "picoletos") acorazados hasta las cejas para echarnos literalmente a "hostias" de nuestro pueblo.
Esa mañana, en la zanja de telefónica como así parece se dio a conocer ese lugar, estábamos sentados con los pies colgando un grupo de gente del pueblo (menos de los que yo hubiera deseado) y otras personas que conocía de vista. Todos estábamos allí para intentar impedir que nos rajaran el pueblo con el acero de la escavadora;  eso significaba algo mucho peor que ni siquiera aun, alcanzaba a entender. 
Nos mantuvimos allí hasta que de repente nos cargaron el montón de guardias con su traje de "escarabajos antidisturbios".  Entre porrazos, pepinazos y humo, salimos corriendo cada uno por donde pudo, intentando evitar la nube de porrazos que estaba cayendo... instintivamente,  salí a toda leche. A partir de ahí, la rabia y la incredulidad me enmudeció por completo y solo deseaba que les tragara la tierra a todos aquellos matones a sueldo.
Así comenzó aquella pequeña guerra con un precio tan grande a pagar por los directamente afectados y al final, para todos.
Despues, desde las bocacalles las piedras comenzaron a volar en dirección a los aparentemente impasibles guardias, llenas de toda la rabia e impotencia que pueda caber en un ser humano. Una piedra tras otra... y entre tanto, las detonaciones producidas por los disparos de pelotas de goma con bola de metal dentro, a diestro y siniestro sentíamos bufar y rebotar a toda velocidad sin que nuestros ojos fueran capaces de verlas. Sentí por un momento con miedo en mis adentros, que 
si alguna de ellas llegara a impactarme, me partiria en dos. Acababa de licenciarme de la mili y este puede decirse que fue, mi verdadero bautismo de fuego, real.
De vez en cuando, se movían y nos cargaban haciéndonos retroceder, lo que hacia que nos dispersáramos. Así fué como en una de esas, perseguido por una pareja de escarabajos, me introduje por la esquina del Bar Nevada hasta el puente sobre la presa que conducía a la callejina;  y de ahí, me fui directo a mi casa para cambiarme el jersey gris de punto gordo que llevaba puesto (hecho por mi madre) por otra prenda, pues pensé que me tenían “enfilao”.
Al llegar a casa en aquella mañana soleada de finales de Octubre, intentando controlar mis nervios, abrí la puerta de la calle sin hacer ruido y luego ya, en la penumbra del portal, la de la cocina para entrar.
Con la puerta entreabierta, vi al trasluz las siluetas de toda mi familia sentada a la mesa alrededor de un cocido humeante como si nada, me quedé petrificado. Sentí un profundo vació. Como si el lugar donde me había criado, de repente, fuera un sitio extraño lleno de fantasmas. Cerré la puerta y huí subiendo las escaleras hasta llegar al corredor donde veía el huerto y la calle frente a mi. Me senté sobre el viejo baúl a respirar. No sé cuanto tiempo pase allí sentado con la mente en blanco. Parecía que aquella luz de Otoño me cegaba y sentía una profunda impotencia y tristeza.
Algo me vino a la cabeza y de repente como una exhalación me vi saltando del corredor al corral. Me fui, como quien se despierta de un sueño, dentro de otro sueño.
el pequeño de Agapito y Nati.

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