Vive si...

Riaño Vive dentro de los que hemos vivido en él,
Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa, Riaño, Salio...
nada nos ha llenado tanto como su todo,
debemos recuperarlo aunque solo sea un poco,
y no habrá futuro para nosotros y nuestros hijos más gratificante,
que volver a vivir en él, sin que sea un sueño.
Riaño, hace 23 años "muerto", Riaño asesinado,
y los hombres lo mataron, con sus envidias y engaños, y ahora,
después de estos años, hay quién lo quiere olvidar pero,
por mucho que se quiera, si has vivido ahí, en un lugar así,
Riaño no se olvida jamás, y más,
si ahora lo ves, hundido en la miseria, de querer ser,
lo que fue siempre, ignorando lo que fue.
.......................................que las aguas vuelvan a su cauce.

sábado, 19 de enero de 2008

...en el Valle


que renacer espera...
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La última noche que pasé en el Valle amanecí empapado en el agua del Río. No le guardo rencor.
Fue el 16 de Septiembre de 1987, al día siguiente de la crecida; en medio de la que me veo recogiendo perezosamente los pocos bártulos que tenía, consciente, de que había llegado ya la hora de la despedida. Sin Casa, sin mis recuerdos vivos, sin mis muertos; que quedaban ahora bajo una losa de hormigón, que la constructora se dignó a echar sobre los cementerios que iban a ser cubiertos por el agua...aunque reconozco, en ese momento, no pensaba en ellos.
Había llegado el momento de claudicar, de huir como las ratas, de comenzar no se sabe qué, con la extraña sensación de tener que vivir sin mi. De la despedida. De ser yo, a pesar de haber sido yo durante toda mi vida.... así lo sentía.
Subí entonces unos días después, al llamado nuevo Riaño, a maltrabajar para los que nunca quise hacerlo. No duré mucho y en algo mas de un año, estaba en Madrid para ir de mal en peor. Fueron malos tiempos. Los peores años de mi vida.
La última noche que dormí en mi Valle fue una noche de tormenta intensa e incesante. El recuerdo nítido de una lluvia de Septiembre de esas que no ceden hora tras hora, resguardado únicamente por una empapada lona. Me dormía levemente entre constantes desvelos, sintiendo la tormenta golpear sobre mi cabeza y la noche húmeda cada vez más metida entre mis mantas. Según pasaba el tiempo…los sapos, las ranas..., compartían mi almohada....¿o quizá lo soñé? 

La morada veraniega en nuestro campamento al que llamábamos siempre entre risas, de villa pelagrasera una tienda de campaña azul descolorido casi blanco, estilo familiar con dos habitáculos. Esa noche no se porqué, estaba solo yo, al lado del Río.
Poco antes del amanecer me volví a despertar con los pies mojados escuchando lo que era murmullo del río, convertido ahora en amenazador estruendo. Me levanté de un salto y salí de la tienda con el agua por los tobillos. Un rato después, allí había más de medio metro de agua corriendo con energía.
Paradojas del destino; de mi casa me echaron los hombres y de mi Valle, el Río. 
No he vuelto a andar por ahí desde entonces y espero volver algún día; sin que sea un sueño.
Saludos amigos
**El pequeño de Agapito y Nati.

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