Vive si...

Riaño Vive dentro de los que hemos vivido en él,
Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa, Riaño, Salio...
nada nos ha llenado tanto como su todo,
debemos recuperarlo aunque solo sea un poco,
y no habrá futuro para nosotros y nuestros hijos más gratificante,
que volver a vivir en él, sin que sea un sueño.
Riaño, hace 23 años "muerto", Riaño asesinado,
y los hombres lo mataron, con sus envidias y engaños, y ahora,
después de estos años, hay quién lo quiere olvidar pero,
por mucho que se quiera, si has vivido ahí, en un lugar así,
Riaño no se olvida jamás, y más,
si ahora lo ves, hundido en la miseria, de querer ser,
lo que fue siempre, ignorando lo que fue.
.......................................que las aguas vuelvan a su cauce.

viernes, 3 de agosto de 2007

...en la plaza santo domingo


Riaño: yo sí me acuerdo
5 de julio de 2007.- A pesar de que ya han pasado veinte años desde aquel mes de julio de 1987 en que se perpetró el crimen ecológico y humano de la inundación de Riaño, he sentido indignación y rabia al leer las declaraciones del cura, un tal Jesús Calvo, que lideró el “movimiento regante” en favor de la inundación/destrucción del valle de Riaño, en León. Decía este curioso personaje: "Nos lo pagaban todo, los carteles convocando a la manifestación, los autobuses para desplazarse hasta León, todo. ¿Quién? La Diputación de León, socialista como el gobierno central".
Precisamente hace unos días, un colega me dió las fotos con las que ilustro este blog. Son la plasmación visual de cómo un puñado de jóvenes ecologistas tratábamos de hacer frente al poder, para evitar la destrucción de Riaño. Concretamente son fotos de una manifestación contra el pantano de Riaño en la Gran Vía madrileña. Nos reuníamos en la sede de la histórica asociación del ecologismo madrileño (Aepden) en el número 13 de la calle Campomanes. Allí diseñábamos las pegatinas, pintábamos las pancartas, planeábamos las subidas a Riaño...Todo lo hacíamos con nuestras manos, y nuestros propios y muy escasos recursos; sin más ayuda que la de nuestro propio entusiasmo y nuestro compromiso con la tierra.
Se arrojaron contra nosotros toneladas de basura demagógica. Precisamente siempre dejando caer la sospecha de que algún oscuro interés nos impulsaría. Ahora que han pasado veinte años, somos testigos de la auténtica verdad: el poder manipuló y compró las voluntades de aquellos que creían que podrían beneficiarse de las aguas de ese pantano.
Desde el gobierno se promovió y se financió una lucha cainita de los agricultores del llano, contra las gentes de la montaña. Es imposible no establecer paralelismos con otras luchas similares como la de la Itoiz, o la del trasvase del Ebro. También en esos casos acabaremos conociendo toda la verdad, o ¿acaso alguien se cree que la presión en favor del trasvase del Ebro y/o las desaladoras no tiene que ver con los desarrollos urbanísticos en la costa?
El movimiento ecologista ha tenido en España poca capacidad para analizar sus luchas y extraer conclusiones. Hemos saltado de una batalla a otra, tratando de frenar las innumerables agresiones contra nuestra Naturaleza, sin tiempo para mirar atrás. Pienso que hemos sido maltratados, y nos hemos maltratado a nosotros mismos al no dedicar ni un minuto a profundizar sobre nuestro trabajo. Riaño fue para muchos de nosotros una auténtica universidad ecologista. Allí aprendimos de lo que es capaz el poder cuando pone en marcha todos sus mecanismos con la decidida voluntad de pasar por encima como un rodillo de cualquier voz crítica.
Será difícil olvidar la actitud del entonces ministro de obras públicas, Saénz de Cosculluela, y la arrogancia del que fue Director General de Medio Ambiente, Fernando Martínez Salcedo, un ex-ecologista que trató a sus antiguos compañeros con un desprecio propio de quien es plenamente conocedor del crimen que está cometiendo, y tiene miedo a enfrentarse los que se lo recuerdan. 
Nunca se avinieron a negociar la salvación de un valle que no merecía morir bajo las aguas.
Riaño forma parte de la memoria de una generación de ecologistas españoles. Nosotros no lo olvidamos. Nosotros sí nos acordamos.
(Juantxo López de Uralde)

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