Vive si...

Riaño Vive dentro de los que hemos vivido en él,
Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa, Riaño, Salio...
nada nos ha llenado tanto como su todo,
debemos recuperarlo aunque solo sea un poco,
y no habrá futuro para nosotros y nuestros hijos más gratificante,
que volver a vivir en él, sin que sea un sueño.
Riaño, hace 23 años "muerto", Riaño asesinado,
y los hombres lo mataron, con sus envidias y engaños, y ahora,
después de estos años, hay quién lo quiere olvidar pero,
por mucho que se quiera, si has vivido ahí, en un lugar así,
Riaño no se olvida jamás, y más,
si ahora lo ves, hundido en la miseria, de querer ser,
lo que fue siempre, ignorando lo que fue.
.......................................que las aguas vuelvan a su cauce.

domingo, 3 de mayo de 2009

...en la peña de bachende

Desfiladero de Bachende  que da entrada al valle de Riaño
La madrugada helada del 7 de Julio de 1987 junto a dos amigos, Kike y Juan, compartíamos frío, impotencia y martini blanco, escondidos entre los riscos de la Peña de Bachende, sobre el puente que lleva su nombre, Puente de Bachende; a unos 2 Km. aguas abajo del pueblo de Riaño.
Avisar al pueblo tirando cohetes al aire era nuestra misión, avisar de la llegada del ejército invasor con galones de la guardia civil que según nos dijeron, vendrían esa misma noche para destruir nuestras casas, nuestros pueblos, todo lo que quedaba de nuestra vida. Así pues, ahí estábamos.
No creíamos de verdad que algo así pudiera pasar, que vendrían. Pasaron las horas de frío, entre risas amargas endulzadas con alcohol y a la vez, preocupación por la posibilidad de que pudiera suceder en medio de la noche oscura donde una gruesa niebla empezaba a caer sobre nuestras espaldas. Entonces como una mala visión, ¡aparecieron!. Una enorme serpiente de luces de vehículos serpenteaba por la carretera del desfiladero lentamente. (Lo visualizo en mi memoria y veo el enorme convoy aguas abajo a unos dos Km. de distancia mientras se me eriza la cabellera). Incrédulos de lo que estábamos viviendo comenzamos a lanzar cohetes que a duras penas conseguíamos encender y que apenas los oíamos ni nosotros mismos debido la espesa niebla que nos había engullido.
Cuando nos dimos cuenta, todo el séquito había llegado hasta nuestra altura y el primer “lanrover” paró el convoy al llegar al pie de la curva del puente. En ese momento, lamenté no haber tenido preparado un despeñadero para llevárnoslos a todos por delante como hace muchos siglos hicieron nuestros mas viejos antepasados contra Roma (plan rechazado por precaución). Bajamos hasta la carretera pasando a pocos metros de los vehículos hasta llegar a la curva donde habíamos escondido estratégicamente nuestra arma letal: un caldero lleno de aceite para lanzar a la carretera y hacer así resbalar e impedir el avance del convoy. Para poder coger el caldero, había que meterse en los haces de luz de los focos y ser visto, pero con un movimiento rápido no pasaría nada como así fue. Lleno de rabia cogí el caldero de aceite y lo lancé delante del primer “lanrover” tirando después con fuerza el caldero de cinc contra sus focos y gritando a pleno pulmón, ...¡¡HIJOS DE PUTA!!.... salimos corriendo como balas mientras escuchábamos a nuestra espalda el ruido de las puertas de los vehículos al abrirse e inmediatamente los disparos…no sentía el suelo bajo mis pies y corría como loco camino abajo hacia nuestro refugio, el bosque de Tendeña. A pocos metros mas abajo en la cuesta que baja del puente, en la repentina oscuridad, en medio del camino, súbitamente frente a mis ojos apareció un montón de ramas. Choqué violentamente contra ellas y salí despedido volando por encima del motón y dando una voltereta sobre mi cabeza, cayendo de culo al otro lado…creo que de rebote, ya estaba corriendo de nuevo.
Cuando llegamos al pueblo casi al amanecer, el gran acto de la destrucción sistemática del pueblo estaba a punto de continuar...

**el pequeño de Agapito
Fotografía: Primo Fernández

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