Vive si...

Riaño Vive dentro de los que hemos vivido en él,
Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa, Riaño, Salio...
nada nos ha llenado tanto como su todo,
debemos recuperarlo aunque solo sea un poco,
y no habrá futuro para nosotros y nuestros hijos más gratificante,
que volver a vivir en él, sin que sea un sueño.
Riaño, hace 23 años "muerto", Riaño asesinado,
y los hombres lo mataron, con sus envidias y engaños, y ahora,
después de estos años, hay quién lo quiere olvidar pero,
por mucho que se quiera, si has vivido ahí, en un lugar así,
Riaño no se olvida jamás, y más,
si ahora lo ves, hundido en la miseria, de querer ser,
lo que fue siempre, ignorando lo que fue.
.......................................que las aguas vuelvan a su cauce.

martes, 17 de julio de 2012

...en el Concejo de Burón


En estos días en los que tristemente se oye hablar en los periódicos a los políticos de turno, de la intención de hacer desaparecer los Concejos, no podemos por mas, que dar a conocer con orgullo un poco de su historia y de lo que han supuesto y siguen suponiendo por su herencia, para los pueblos y las personas que los componían,  en la Montaña leonesa de Riaño concretamente. No debemos consentirlo. Es un atraco en toda regla a un derecho histórico y auténtico de nuestros pueblos, toda una seña de identidad que ha salvaguardado la rica herencia comunal que disfrutamos todos hasta nuestros días. ¿Queremos ver nuestros viejos montes convertidos en plantaciones de eucaliptus o algo similar? ...¡Por dios que no!

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Cuenta el autor en su prologo que la decisión, o mejor dicho, el encargo de escribir esta obra nació al calor de la lumbre, en una “hila” del invierno de 1981 bajo una buena nevada de Enero en el pueblo de Burón. El objetivo según nos dice, era contar en un libro, aunque sea pequeño, la historia que recuerde a todos nuestro pueblo, nuestras calles y corrales, nuestro paisaje. Comenta con preocupación el apremio en la empresa por un futuro en el que pueden venir a decirnos “que marchemos de aquí. Puede ser que el agua del pantano cubra nuestras vegas y sumerja nuestras casas, nuestro cementerio….
Así comienza este más que interesante libro de José María Canal Sánchez-Pajín titulado con ardor: El Concejo de Burón. Su gloriosa Historia Obra sobre los pueblos y sobre las gentes que hicieron posible lo que se llamó durante siglos La Merindad de Valdeburón. Lleno de datos históricos especialmente atractivos para quienes sean descendientes de esta tierra o simplemente interesados en ella. Como en otras obras, a parte del buen oficio, la impronta del autor como persona originaria del pueblo de Burón, se hace notar en una cercanía que envuelve toda la obra y que los paisanos lectores agradeceremos. Le imaginamos escribiendo a la luz de un candil…
La Montaña de Riaño es montaña (documentada) desde hace mas de 20 siglos, con los cronistas romanos hasta hoy, o quizá deberíamos decir siendo más estrictos, hasta la destrucción física de sus pueblos y cultura en 1987.
Primeras referencias históricas para el Valle de Valberga (San Pelayo) como castro vadiniense donde se cree tuvo lugar la batalla de Bérgida contra los romanos. “Bérgida estaba en Burón” argumenta Eutimio Martino en su conocida obra Roma contra Cántabros y Astures. La cual, recomendamos leer a todos los amantes de nuestra historia.
Primera referencia escrita de la edad media en el año 970 en una donación hecha por unos monjes al Monasterio de Sahagún “inter iskaro et Sarilenia”, refiriéndose a Escaro y La Vegacerneja. “in territorio de Buradone” (Burón). Testimonio escrito de la vieja historia de estos pueblos, muy anterior a la de sus letras.
Estos documentos se conservan en el llamado “Becerro de Sahagún”. Un precioso testigo que nos muestra por ejemplo, la toponimia de estos lugares de montaña al describir los lindes de las propiedades. Palabras que son de origen prerromano, ibérico y que de forma admirable, conservan el nombre mas de mil años después: “Mirva”, “Pármede”, “Jian”…y tantos. Nombres que son una huella viva de nuestro más viejo pasado, queda claro. Y esto demuestra como recalca el autor, que las gentes que habitan hoy estos lugares son descendientes de aquellos Cántabros vadinienses.  De no ser así no existirían tales términos.
Queda patente el leonesismo de toda nuestra zona que fue durante el paso de los siglos fiel a la corona de León, así como también en lo eclesiástico.
Esa gloriosa historia que reza el título del libro, viene a buen seguro, de la mano de lo que fue en estas tierras de la hoy Montaña de Riaño,  la institución preponderante durante muchas generaciones: La Merindad de Valdeburón. Una hermandad de Concejos sometida únicamente a la corona con su propia administración de justicia y gobernada por un “Merino” elegido por los propios concejos de Alión, Burón, Maraña, Sajambre y Valdeón.
Los “privilegios” de la Merindad no pasaron siempre desapercibidos de conflictos, especialmente contra la nobleza pujante que pretendía imponer sus propias normas egoístas, a veces con sangre de por medio, como sucedió con Juan de Tovar, Señor de Tierra de la Reina que fue Merino en el siglo XV y es tristemente recordado por sus criminales abusos. Estos episodios se pueden leer en el libro de Eutimio Martino titulado: La Montaña de Valdeburón y del que próximamente también hablaremos aquí.
Como algo más que anecdótico resaltamos que la justicia se ejecutaba en dos lugares designados y que estaban cerca del pueblo: “La Vuelta del Rollo” y “La Valleja de la Horca”, dos nombres que significaban algo mucho mas serio de lo que parecen.
Otros datos curiosos e interesantes nos deja ver en sus testos, como el valor de una vaca o la hacienda de distintas personas con su número de hórreos. La distinción social entre Hidalgos(nobles) y Pecheros (villanos y vasallos). Los curas como los más hacendados del concejo en el año 1752 (Catastro de Ensenada.). Todo, da una idea de cómo podía ser la vida en esos tiempos del siglo XVI.
Aparece también la controversia sobre el río Esla (antiguo Astura en tiempos de Roma) y su nombre en un valle u otro, aportando más información sobre dicha controversia.
El santuario de Pontón como la meca de los buroneses.
La Guerra de la Independencia y sus graves consecuencias para algunos de los pueblos de la Comarca como Pedrosa, La Villa y Burón que fueron incendiados por las tropas francesas causando además de la ruina para muchos, la muerte de algunos lugareños.
Las guerras carlistas con la batalla librada en Éscaro entre las tropas contendientes de los generales Espartero y Gómez.
El fin de la Merindad en 1836 por la implantación de lo Partidos Judiciales a raíz del fin también, del sistema absolutista que fue abolido en las Cortes de Cádiz con la Constitución de 1812.
Terminan sus páginas con un amplio repaso de los monumentos, familias y pueblos de la Merindad con curiosidades y acontecimientos señalados.
Se despide José María Canal igual que en el prólogo, con el pesar de la sombra del pantano sobre todo, y expresando el deseo de un nuevo Burón en el Valle de Rabanal.
Hoy, queremos decirte donde estés José María,  Gracias. Y que mejor paisano, que en vez del Rabanal, recuperemos el verdadero valle donde se esconde toda esa historia.
Salud para ello.

RIAÑO VIVE
Plataforma por la Recuperación del Valle de Riaño

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